Los materiales-recursos didácticos:
El pizarrón y la tiza: mi alegría de la vida.
Como muchos profesores mis andanzas en estas lides iniciaron en 1987, mi encuentro con la docencia fue en el mediodía de mi vida, estudié Ciencias Políticas y Administración Pública, y en mi proyecto de vida, veía el servicio público en sus distintas dimensiones, lo disfruté y sufrí intensamente en un período relativamente corto: menos de doce años, fueron suficientes para alejarme poco a poco de las cuestiones gubernamentales, la inestabilidad laboral, la integración a equipos políticos, y el cumplimiento de ciertos rituales no embonaban con mi forma de ser, con mi estilo de vida, finalmente lo dejé allá por 1997. En paralelo había iniciado mis andanzas docentes a los veintitrés años como ayudante de profesor –sin querer queriendo a invitación de un amigo- y así me “enganché” en estos quehaceres, debo de confesar que era un renegado –en mis mocedades, ni en mi quinto sueño me veía como profesor- incluso en la Facultad no lo avizoraba, fue ya en el ejercicio de la profesión que me llevó a ésta.
Ya Cumplí treinta y siete años como docente, pero esa es otra historia. Cuando leía: “La aventura de ser docente”, Esteve (1993) me reflejaba en esas páginas, nadie me enseñó a ser maestro fue de manera intuitiva, ensayando y dándome de golpes con las paredes, por decirlo de alguna manera, de repente me vi como profesor de Sociología –para mí, era “pan comido”- tardaba media mañana preparando una clase de cincuenta minutos, recuerdo esa primera clase que la terminé en diez minutos y le dije a los alumnos que ya había concluido y procedí a retirarme –lo grave del asunto es que nadie me entendió-, al día siguiente me manda a llamar el Director y me dice a quemarropa: profesor: ¿cómo da su clase?, le contesté que bien sin problemas –los preparatorianos ya se habían quejado- y amablemente me dio algunas sugerencias para ese proceso complejísimo de enseñar y aprender. No me concibo sin ser docente hoy día, –recuerdo que me decían hace muchos ayeres profesor y me molestaba, les respondía soy politólogo, no maestro-, jugarretas de la vida. Por supuesto, que pagué a alto costo, hasta con intereses, el noviciado, cuando leía el texto de José M. Esteve inmediatamente me vi reflejado - supongo, como decía Sabines, no lo sé de cierto-...
En una ocasión leyendo algo de Mairena, y su profesor lo pasa al frente y le dice: “que quiere decir esta frase”, la traduce aun lenguaje accesible y todos lo entendieron, ahí está el fermento para ser maestro, había levadura y faltaba aprender a amasarlo – como diría don Andrés Henestrosa, (1989) De ahí, “pal real” inicié mi aventura docente.
Es toda una aventura el ser maestro, narrando esos momentos en el aula que se prologan casi cuatro décadas, evocando situaciones, circunstancias, anécdotas, momentos inolvidables y otros no tanto, que llevamos en las alforjas, nos hacen recapitular esas experiencias que dejan una impronta en mis recuerdos. Como dice un colega amigo, Martín Antonio: “la trama y el drama de ser docente”, esa frase es la estampa de un oficio y una profesión nobilísima que ha llenado de reflexiones e interpretaciones desde los tiempos más remotos hasta este estadio histórico de la inteligencia artificial. Las corrientes teóricas sobre la educación, y en particular sobre el ser docente, llena las alforjas de la historia para poder entender y comprender esta actividad profundamente humanística: es un arte, es una vocación y una profesión, esa es la tríada que le da savia al quehacer docente. Si volviese a nacer sería profesor, tomaría la tiza nuevamente.
Agradecido estoy con la vida, mis amistades, mi filias y a veces, una que otras fobias, mis dichas, mis andanzas, mis amaneceres, mis despertares tienen que ver con la docencia, con el magisterio, con la academia, con el ser profesor, en esa mirada y en ese caminar a discurrido 37 años de mi vida como maestro, lo mejor de mis andanzas ha sucedido en el recinto universitario, en el claustro académico, en el diálogo inter e intra-generacional me ha dado alicientes e incentivos para continuar ese diálogo socrático que es el mejor para detonar el proceso de enseñanza-aprendizaje, la mayéutica.
Mis mejores amistades han sido fraguadas en la academia, desde 1987 se remonta una de las experiencias profesionales más hermosas de la condición humana: la enseñanza. Recordanzas vienen a mi memoria, una estela de evocaciones surcan mi corazón, ya son tantos años en la brega, y cada vez en ese diálogo los jóvenes me trasmiten su vitalidad, su entusiasmo, sus anhelos, sus querencias, y eso es esencia del hombre -sin distinción de género-.
Reciban mis felicitaciones de corazón a los colegas que hacen de la enseñanza un arte de vida porque con sus lecciones, su charla, sus comentarios y reflexiones trasmiten la esencia de una andanza profesional, una emoción vívida, una lección de vida. Mi reconocimiento y mi admiración a todos los y las maestros y maestras.
Mi testimonio y remembranzas como Profesor la divido en dos partes:
I. Contexto
No estudié para esta nobilísima profesión de maestro, me hice en las andadas, sin equipaje pedagógico ni una dimensión didáctica un día en el ya lejano 1987, estaba parado en un aula y no sabía cómo trasmitir ese proceso de enseñanza-aprendizaje. Fue cuesta arriba, sin embargo, poco a poco ya tenía cierto arsenal y fui desarrollando cierto feeling para amenizar una puesta en escena como es una sesión en el aula. Como todos pague con creces el precio del noviciado.
De ese recuento de 37 años como docente, de 1987 a 2014 fui ambulante, como profesor de asignatura en varias instituciones durante 27 años, llegué a la UPN a la Unidad DF SUR 097 en 1997 como profesor de asignatura de doce horas, estuve alrededor de 16 años como profesor a ras del suelo o como tropa en el más bajo rango, no narraré el surrealismo de los concursos de oposición en la que participe hasta que a mis 53 años accedo a la plaza de tiempo completo, cuando muchos ya llevan una larga data como docentes de tiempo completo y algunos colegas de educación básica ya estaban jubilados.
Llegó ya maduro a esas lides de tiempo completo, y llevo diez años en esta condición, y en el penúltimo tramo (2021-2022) de estos menesteres me enfermo lo que acelera mi proceso de ir preparando la salida para no seguir abusando de mi precario funcionamiento del corazón, y dar paso a otras generaciones con mejores perfiles que han demostrado su talante y compromiso con la UPN, y los colegas expertos y en plena madurez que pueden aportar una basta y rica experiencia permitirá ir preparando condiciones de mayor horizonte para la Licenciatura en Administración Educativa de la UPN.
A mis 65 años llevo en las alforjas 37 años de quehaceres docentes donde ha habido de todo como en botica, mañanas esplendorosas, atardeceres espléndidos, también malas tardes, desencantos e incluso una mala temporada bis a bis un pésimo semestre. Es propio del drama y la complejidad de este oficio, profesión u como quieran denominarle, no entraré a discusión.
Esa es mi partitura.
II. Práctica docente
En este espejeo, en este disfrute anecdótico de mi práctica docente, es de imaginar ¿Cómo preparaba las clases un profesor ambulante? en tres instituciones diferentes, materias diferentes, desde la metodología “salir del paso”, hasta “andarse por las ramas” o el “método incrementalista” evocando a Luis F. Aguilar en las políticas públicas las extrapolo a mis andanzas docentes. En el pesero, en el metro estructuraba las clases, un alto grado de improvisación, sin duda permeaba esas sesiones, pero tenían coherencia y mal que bien, algo dejaba en ese ambiente aúlico. Andaba navegando en el subdesarrollo académico por mi condición y circunstancia, pero algo va adquiriendo y se va decantando mal que bien un estilo –sin se pudiese llamarse de alguna manera, esa experiencia me va sacando a flote en las clases-.
En esta práctica docente se refleja la esencia de mi personalidad, soy tolerante, tengo la virtud de la paciencia, escucho las inquietudes y los sentires de mis alumnos-alumnas, trato de crear un ambiente relajado que va acorde a mi manera de ser, pero evidentemente el ser permisivo va a contracorriente en la parte formativa de los estudiantes, pero ese soy yo, apelo más a que ejerzan su “libertad con responsabilidad,” –como diría K. Popper, y a veces me ha resultado contraproducente, y se refleja en los objetivos no logrados. Por eso trato siempre de ser dialógico en este sentido.
A pesar de todo estas peripecias, todo lo que soy en gran medida se lo debo a la docencia, y si volviese a nacer volvería ser maestro. Disfruto y gozo estar platicando, dialogando con los estudiantes, y si algo les dejó –es mi deber como profesional de la educación- sembrar alguna semilla para que ese espíritu universitario se vaya recreando y consolidando.
Ese soy yo, ya en el otoño de mi vida docente. Aspiro a seguir en algunos amaneceres y atardeceres y dejar el espacio a otros con mejor equipaje en todos los sentidos. No quiero describir a detalle esas prácticas, me quedó con los sentires, impresiones y algunas reflexiones de mis alumnos a lo largo de cada curso. Si algo quedo a deber, intento saldar esos déficit pedagógicos y didácticos en cada curso. Tego la virtud de escucharlos, y no ser un viejo terco, por el contrario, soy muy abierto a las distintas reflexiones en un ambiente de pluralidad y respeto. Ese soy yo.
PROYECTO
Los materiales para la enseñanza constituyen un tema relevante en la agenda actual de la didáctica. En la amplia lista de materiales y lenguajes usados con intencionalidad didáctica -es decir para enseñar y aprender-, se incluyen instrumentos de laboratorio, libros de texto, videos, cine de ficción, literatura, revistas, documentos históricos, obras pictóricas, programas radiofónicos, documentales, pizarrones, y cada vez más, nuevos medios digitales. Sin embargo, situar la discusión solo en las herramientas o en los recursos mismos deja de lado algo fundamental: la adopción de criterios fundamentados para seleccionar y producir materiales que brinden oportunidades para generar buenas prácticas de enseñanza. En este sentido, se debe analizar los materiales en el marco de los contextos de enseñanza.
Conceptualización
Los recursos o materiales didácticos son herramientas que se utilizan en el proceso de enseñanza y aprendizaje para facilitar la comprensión y la adquisición de conocimientos por parte de los estudiantes.
Cualquier tipo de dispositivo diseñado y elaborado para facilitar la enseñanza de las y los docentes, y para los aprendizajes del alumnado (el clásico libro de texto, carteles, mapas, fotos, láminas, videos, software, entre otros).
Hay diferentes técnicas didácticas que son aplicadas en el aula para incentivar el proceso de enseñanza-aprendizaje:
- Mapas Mentales.
- Debates.
- Mesa Redonda.
- Lluvia de ideas, y * Juegos de roles y simulación.
Figura No. 1. Estampa extraída de Internet. Septiembre del
2024.
Un buen recurso didáctico debe ser relevante para los objetivos de aprendizaje, adecuado para el nivel de habilidad y conocimiento de los estudiantes, y atractivo para mantener su interés y motivación. También debe ser accesible y fácil de utilizar. pero considerando la función de facilitar el aprendizaje o irlo adaptando a las necesidades de las características de los y las estudiantes upenianos, en este caso a los de la Licenciatura en Administración Educativa, específicamente en discentes del quinto semestre en el andamio curricular: Innovación y Desarrollo Organizacional, considerando los momentos y objetivos de esta asignatura.
Damos la voz a los expertos y estos hacen una distinción entre:
- Recursos didácticos. Son los elementos materiales que sirven de auxiliares en el proceso de enseñanza (lápices, marcadores o la pizarra)
- Materiales didácticos. Se alude a los elementos dispuestos pedagógicamente para facilitar el proceso de aprendizaje, es decir, a los recursos ex profeso para la enseñanza (libros de texto, presentaciones audiovisuales, etc.) 1
En este ejercicio los utilizaremos como sinónimos.
Funciones de los recursos didácticos
- Función de orientación. Sobre todo, en temas y tópicos complejos, proponiendo rutas alternas de aprendizaje, reglas mnemotécnicas, etc.
- Simulación des escenarios reales. Permite un acercamiento con la realidad, con el entorno, eso les despierte el interés de los estudiantes.
- Función de motivación. Función clave en la parte psicopedagógica que coadyuva a crear ambientes de aprendizaje idóneos.
El fin último es crear esos ambientes de aprendizaje para potencializar el diálogo, la conciencia crítica propositiva y la asunción de responsabilidades en el escenario que les toque actuar, ese es el desideratún más que saber los procesos y procedimientos de innovación. Materiales didácticos como un medio para impulsar el horizonte de un modelo educativo holístico, constructivista, flexible y actualizado. Las habilidades y destrezas para manejar un Blog, un Podcast, Tik Tok, una página Web, la Inteligencia Artificial, lo tienen sobremanera, el quid del asunto es analizar, comprender y transformar su entorno y ejercer su libertad con responsabilidad –evocando a Popper-.
Objetivo
Este ejercicio académico tiene por objeto promover la reflexión en torno a los materiales y recursos didácticos que se seleccionan y se producen para su uso didáctico en el aula o extra-clase.
El canon clásico de los recursos y/o materiales
didácticos: el libro, sigue siendo un medio, una herramienta
indispensable e insoslayable en el proceso de
enseñanza-aprendizaje, ya sea en versión impresa o en
línea. Es el referente para abrevar en un marco reflexivo
sobre distintos ejes temáticos, nos lleva a un viaje en el
desarrollo del conocimiento (El estado de arte), a establecer un
diálogo con él y los autores, a una reflexión
sobre las premisas e inferencias sobre diferentes objetos de
investigación. En esta perspectiva están ubicadas las
bibliotecas clásicas, que cada vez se visitan menos en aras
de explorar en las bibliotecas virtuales, no riñen se
complementan. Así, que aprovechemos este arsenal
pedagógico y didácticos puestos a nuestra
disposición.